Educación multilingüe

La profesora de la Universidad de Bruselas Alex Housen admite que hay muchos factores que deben jugar para que funcione un sistema multilingüe, pero pone un ejemplo que viene funcionando “desde hace más de un siglo”, el de Luxemburgo, país con tres lenguas oficiales: luxemburgués, alemán y francés. En él, los niños aprenden en luxemburgués en la escuela infantil y en la mayor parte de la escuela primaria (de los 6 a los 12 años). En esta etapa, el alemán es una asignatura desde primero y en el último curso empieza la transición desde el luxemburgués a este idioma. El francés se introduce como materia a los 10 años. En secundaria, las clases se dan en alemán los primeros cursos y luego en francés.

“Entiendo que puede ser un poco contradictorio, pues en el mundo de hoy, si lo que queremos es educar a nuestros hijos para comunicarse, lo lógico es querer que aprendan la lengua mayoritaria”, asegura el profesor de Ingeniería Lingüística de la Politécnica de Madrid Jesús Cardeñosa. “Pero lo cierto es que multitud de estudios aseguran que lo mejor es escolarizar a los niños hasta los 10 años en el idioma que se habla en su casa. Y, a partir de ahí, una vez ha madurado intelectualmente, ya pueden empezar con las lenguas que sean”, lo mismo para un niño quechua en Perú, que para un castellanohablante en Cataluña, añade. “Si en la casa conviven los dos idiomas, cualquiera de los dos vale para los primeros años de escuela, si no, no”, insiste.

“Si la segunda lengua se usa solo puntualmente en la escuela sin que haya oportunidades o necesidad de usarla en la calle, el niño solo tendrá una motivación limitada para aprenderla y no la activará rápidamente. La educación bilingüe en Cataluña, País Vasco o Galicia funciona bien porque las dos lenguas son usadas en el territorio y los niños tienen oportunidades de practicarlas en muchas circunstancias. No debemos esperar un resultado tan optimista con la introducción de una tercera lengua ajena al territorio, como el inglés, a menos que los padres busquen ocasiones para aumentar la presencia de la tercera lengua fuera de clase”, dice Anna Solé. “Evidentemente, la introducción de la tercera lengua debería hacerse de manera en que no peligrasen los sistemas más exitosos, es decir, que la lengua principal de enseñanza debería seguir siendo la lengua del territorio”, añade en referencia a Cataluña, Galicia o País Vasco.

Extraido de un artículo de El Pais:

En tres idiomas mejor que en dos

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